Imagen prueba.png

Economía Circular y Huella de Carbono como Herramienta de Toma de Decisiones

* Por Gabriel Blejman, Responsable del Área Análisis de Ciclo de Vida y Economía Circular en Circular Carbón.

El modelo de economía lineal desarrollado desde los comienzos de la revolución industrial plantea un desafío, casi inviable, para solucionar los problemas de agotamiento de recursos clave, la reducción de la capacidad regenerativa del planeta, la contaminación del aire, agua y suelo con emisiones y residuos persistentes.

Como contraposición a este modelo de extracción, uso y desecho, que quema grandes cantidades de combustibles fósiles y genera cantidades desmedidas de residuos, se encuentra la economía circular. Este modelo económico regenerativo mantiene productos, componentes y materiales el mayor tiempo posible en los sistemas productivos; preservando su valor y reduciendo el consumo de recursos primarios.

Plantea diversas estrategias alcanzables y metodológicamente validadas que permiten llevarnos a una transición y constan de las siguientes propuestas:

  • Cambiar a energías y materiales renovables.
  • Recuperar, conservar y restaurar la salud de los ecosistemas.
  • Retornar los recursos biológicos a la biósfera.
  • Compartir activos (coches, espacios, equipos...)
  • Realizar simbiosis / ecología industrial.
  • Alargar la vida de los productos (ofrecer reparación, actualización, reutilización por otros...)
  • Reutilizar componentes y reciclar materiales en el fin de vida.
  • Desmaterializar los componentes de un producto.

La correcta selección de estas estrategias está íntimamente ligada al conocimiento del ciclo de vida del producto, ya que es lo que permite un profundo entendimiento de la cadena de suministro y la importancia de las acciones de reducción del impacto ambiental. En ese sentido, la huella de carbono, una de las aplicaciones del análisis de ciclo de vida, se considera una de las herramientas claves para poder cuantificar el beneficio potencial de las acciones de circularidad.

En este contexto el calentamiento global es una de las principales problemáticas que afecta a la comunidad global, y representa una preocupación para el futuro de la humanidad.

Los Estados Miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático. En este sentido, el Objetivo 13 menciona la necesidad de adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

En estas circunstancias, desde hace algunas décadas, las empresas y organizaciones buscan herramientas para estar preparadas e incluso liderar el proceso de reducción de GEI. Asimismo, los consumidores consideran cada vez más los aspectos ambientales en su toma de decisiones. Conscientes de esta necesidad de apostar por la sustentabilidad y la lucha contra el Cambio Climático.

Las empresas pueden ser parte de la solución si se comprometen a eliminar las emisiones de carbono de sus operaciones y cadenas de suministro. A través de un uso eficiente de los recursos energéticos, el consumo de energías renovables, como de materiales respetuosos y una correcta gestión de los residuos, entre otras.

Es por ello que el cálculo de la huella de carbono de productos, servicios u organizaciones es un proceso voluntario que permite un conocimiento a fondo de las emisiones de GEI de los propios procesos productivos, se convierte en un argumento diferencial con los competidores, al tiempo que permite incorporar un factor más en la selección de proveedores y en la optimización de procesos, permitiendo una mejor comprensión de los riesgos y oportunidades en la cadena de suministro, además de facilitar una respuesta más específica a las presiones de nuevas regulaciones, de las partes interesadas y las exigencias de los consumidores.