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Inclusión Social: Un importante desafío en la Agenda de la Sustentabilidad

Inclusión Social: Un importante desafío en la Agenda de la Sustentabilidad


Por Lic. Federico Zárate - Director de Administración y Fomación del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE)

Actualmente en Responsabilidad Social & Sustentabilidad los temas de “inclusión social” representan un gran desafío para las organizaciones y para la sociedad en su conjunto; convirtiéndose también en una oportunidad para crear más valor social desde la gestión cotidiana, de modo que se pueda trascender e inspirar también a otros.

De hecho, varios de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) lanzados por Naciones Unidas en el año 2015 para ser alcanzados globalmente a 2030, están estrechamente vinculados con temas inclusión social. En consecuencia, organizaciones de todos los sectores y tamaños ya están avanzando en la presentación de informes que demuestran las prácticas implementadas y la contribución a los ODS en relación a este tema.

En nuestro país hay más de cinco millones de personas con discapacidad. El 75% no tiene trabajo y casi el 44% de esas personas son “Jefes de Familia”.

Por otro lado, hay más de hay más de 800.000 personas mayores de 45 años que buscan, sin éxito, reinsertarse en el mercado laboral. Sumado a ello, el 90% de las personas transexuales no tiene trabajo registrado.

Además, la desocupación afecta a mayor proporción de mujeres (11%) que varones (6,9%).

Por supuesto, estos son solamente algunos datos que hacen referencia a distintos grupos en situación de vulnerabilidad y de ninguna manera abarca a la totalidad de los mismos.

Ahora bien, el principal desafío consiste en saber cómo podemos desde las organizaciones identificar oportunidades que nos permitan incorporar procesos de inclusión social en búsqueda de una mayor creación de valor social compartido.

Es aquí donde la Gestión Responsable Orientada a la Sustentabilidad (GROS) tiene un rol fundamental para poder tomar decisiones que reflejen un compromiso genuino con el tema en el marco de un abordaje estratégico. En este sentido, se pueden hacer algunas sugerencias a tener en cuenta:

  • Debatir hacia adentro de las organizaciones sobre el interés en temas de inclusión social a los fines de promover un compromiso que sea consensuado y que le de coherencia a las decisiones que se tomarán.
  • Identificar oportunidades de inclusión en base a necesidades propias de la comunidad en la que se opera; y trabajar en alianza con otras organizaciones especializadas que puedan brindar información certera y facilitar esta etapa.
  • Analizar puestos existentes o la posibilidad de crear nuevos que puedan ser cubiertos en el marco de un proceso de reclutamiento y selección con criterios de inclusión; pensando también en oportunidades de desarrollo personal y profesional de las personas a involucrar como también en las necesidades de la organización.
  • Conocer experiencias de otras organizaciones que ya trabajan con procesos de inclusión puede ser de mucha utilidad a los fines de conocer aprendizajes y sugerencias.
  • Diseñar un plan de acción que defina objetivos, metas e indicadores que posibilite disponer de una hoja de ruta para prever recursos, responsables, actividades a desarrollar; y poder hacer un correcto seguimiento que permita corregir lo que sea necesario y medir los resultados.

Cabe destacar que estos procesos requieren, además de un sólido compromiso organizacional y de la realización de alianzas estratégicas, participación e involucramiento de todos los colaboradores.

La creatividad puede marcar la diferencia:

Siempre hacemos hincapié desde el IARSE en que muchas veces poder aprovechar oportunidades para la creación de valor compartido (en sus distintas formas), es más una cuestión de creatividad por parte de la organización para proponer e implementar prácticas que resulten viables en cada caso, más que con el tamaño e incluso con los recursos económicos disponibles.

Por ejemplo: si la organización no cuenta con infraestructura accesible y no dispone de recursos para invertir en el corto plazo; seguramente no pueda avanzar con la incorporación de personas con discapacidad motriz; pero sí podría evaluar la posibilidad de contratar a una persona con discapacidad visceral, a personas mayores de 45 años, o a personas que se encuentren en otro grupo en situación de vulnerabilidad.

Lo importante es poder empezar de a poco e ir avanzando paso a paso, teniendo en cuenta que “Nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, pero cualquiera puede comenzar y hacer un nuevo final”.