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Construir Comunidades y Territorios Sostenibles

Construir Comunidades y Territorios Sostenibles

* Por Luis Ulla, Director de I+D del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE)

“Pinta tu aldea y pintarás al mundo”
León Tolstoi

Así Isidoro Blaisten citaba a Tolstoi en una conferencia que leyó en 1999 en el Museo Nacional de Bellas Artes, y destacaba: “…Sin embargo, (él) no dice: describe tu aldea y describirás el mundo. Usa el verbo pintar en el mismo sentido de la frase “una pintura de caracteres” (…) No en vano Roberto Arlt titula sus notas diarias como Aguafuertes Porteñas. El título es perfecto. Porque la técnica del aguafuerte (acquaforte) se basa en la revelación de una superficie cubierta, por medio de un punzón y el trabajo del ácido. Y así escribía Arlt: hacer una incisión sobre la realidad oculta, dejar la superficie al desnudo y exponerla a la acción del ácido…”.

Qué mejores imágenes para referirnos al modo en que las empresas se comprometen para transformar las comunidades en las que viven y operan, en verdaderos territorios sostenibles.

Desde el punto de vista comunitario, una empresa desarrolla a pleno su potencial relacional con esas comunidades, cuando procesa del modo adecuado toda la información que surge de un proceso de diálogo sin solución de continuidad con las mismas. Cuando todos los actores sociales involucrados logran hacerse una adecuada representación mental, un mapa o cuadro vivo de expectativas, necesidades, roles, responsabilidades y recursos, podríamos que recién ahí es cuando se encaminan hacia un desempeño comunitario solidario, ciudadano y eficiente. Es en ese preciso punto del nivel evolutivo, cuando las empresas están en condiciones de intervenir para dejar una huella duradera en el camino hacia el desarrollo autónomo y sustentable de las comunidades con las que comparten mucho más que un territorio. Si, empresas y comunidades, lo quieran o no, lo reconozcan o no, lo aprovechen o no, comparten una cultura, una forma de hacer las cosas, que se expresa de un determinado modo en la geografía. Esa cultura puede, por tanto, ser de integración o de desintegración. De acelerada co-evolución o de fricción y retraso.

Y dado que resulta difícil – sino imposible – dar orientaciones válidas acerca de cómo han de comportarse las comunidades en esas relaciones que se expresan en el territorio, es bueno recordar que como mínimo, ellas han de responder a los estímulos que genera su tejido empresarial. Una empresa que tenga claro qué significa en términos prácticos la labor profesional de invertir recursos privados en temas de bien público, es una organización que posee las condiciones esenciales para una buena intervención comunitaria. En términos artísticos, tiene muy buenos pinceles y los mejores colores para dejar impresa una huella indeleble en esa “tela” que es el tejido social de una comunidad. Aprovechar su textura, respetar el relieve, dar el trazo justo, conservar el equilibrio.

Creo que si una persona desea conocer cómo ha sido y cómo es el modo de relación entre empresas y comunidades, una muy buena pista para evaluarla es visitar esos territorios y observar cuántas son las capacidades desarrolladas en ellas. Cuáles son las formas que la pintura ayudo a existir, interactuar y a destacarse. Pintura o aguafuerte, la relación empresa-comunidad puede ser evaluada por el resultado final de lo que las partes logran hacer juntas. Si logran cosas buenas, serán cambios en favor del desarrollo sostenible, que no sólo serán valiosos, sino sobre todo duraderos. Si se mantienen más allá del sostén o del impulso temporal de la empresa, las comunidades habrán ganado también autonomía y autodeterminación. Si se caen cuando se les quita el puntal, deberemos replantear toda la construcción desde el punto cero y tal vez cambiar de arquitecto.

Una correcta relación empresa-comunidad, no solo ha de plantearse como una obra duradera, sino que en la misma además ha de ser capaz de integrar a todos los públicos de interés en el proceso. Es en éste último, dónde la empresa ha de alejarse de la improvisación paternalista, y asegurándose de disponer del conocimiento oportuno y de la habilidad necesaria.

Parafraseando a José Hernández, quien afirmaba que los versos (las intervenciones comunitarias) son pinturas. Ellas han de poseer una permanencia (de los avances logrados) basada en la estabilidad e inmune al tiempo. Y dice Martín Fierro: “Lo que pinta este pincel ni el tiempo lo ha de borrar”. Las mejoras que logran empresas y comunidades deben ser duraderas y generadoras de nuevos avances.

Y para cerrar la explicación, el poeta hace una defensa del talento, una reivindicación del oficio, y agrega: “No pinta quien tiene ganas, sino quien sabe pintar”.