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Energías Renovables: panorama actual en la Región Latinoamericana

El proyecto de Ley de Generación Distribuida obtuvo la aprobación de la Cámara de Diputados. Esto habilitará a todos los usuarios argentinos que generen electricidad a partir de fuentes renovables, con paneles fotovoltaicos, aerogeneradores, pequeños molinos, etcétera, puedan volcar el excedente de su producción a la red eléctrica pública.

Su principal virtud es que habilita en todo el territorio nacional este recurso de energía renovable distribuida, que entrega electricidad limpia, producida in situ, en el mismo lugar y al mismo voltaje en que va a ser consumida. Con ello se ahorran las pérdidas de energía que se producen en el transporte y la distribución de la electricidad desde las centrales eléctricas hasta el enchufe, que son nada menos que de entre el 8 y el 15 por ciento.

En este marco, decidimos compartir el testimonio de  Julio Durán, Miembro del Departamento de Energía Solar, Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Director de los Proyectos “Interconexión de sistemas fotovoltaicos a la red eléctrica en ambientes urbanos” y "Generación Fotovoltaica Distribuida y Redes Inteligentes en la localidad de Centenario, Provincia del Neuquén". 

El experto se presentó como orador en la edición 2017 de la Jornada de Responsabilidad Social y Sustentabilidad que organiza cada año el IARSE. Teniendo en cuenta el contexto y en una entrevista con el Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE) habló sobre la actualidad y el futuro de las Energías Renovables en el territorio latinoamericano y el avance de las mismas en nuestro país:


¿Cómo ve el desarrollo de las energías renovables en Latinoamérica? 

El mundo está recorriendo el camino hacia un nuevo paradigma energético basado en tres elementos clave: las fuentes renovables de energía, el uso racional y eficiente de la energía, y el cuidado del ambiente. Si nos remitimos a la generación de energía eléctrica, vemos que en 2016 las energías renovables representaron el 62% de la nueva potencia eléctrica instalada en el mundo, y que cerca de la mitad de esta contribución fue mediante energía solar fotovoltaica.

En Latinoamérica el uso creciente de las energías renovables en la matriz energética de numerosos países es muy claro. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), en la región se encuentran algunos de los mercados de energías renovables más dinámicos del mundo, apoyándose en el papel histórico de la energía hidroeléctrica y de los biocombustibles líquidos en el transporte, pero con una participación cada vez más importante de otras renovables. Entre 2004 y 2015, la inversión en energías renovables (excluyendo la hidroeléctrica de gran escala) se ha multiplicado por 11 en la región, comparado con 6 a nivel mundial.

Diversos países Latinoamericanos tienen su matriz eléctrica fuertemente basada en energías renovables, con una participación que en varios casos superaban largamente el 50% ya en el año 2015: Costa Rica (99%), Uruguay (94%), Brasil (73%), Guatemala (68%), tendencia que continúa hasta el presente. El crecimiento en algunos casos ha sido “explosivo”: Chile ha multiplicado casi por 40 la potencia eléctrica instalada con renovables en el período 2007-2015.

En los últimos años, Latinoamérica ha incrementado significativamente su participación en el mercado fotovoltaico global, a través, esencialmente, de la instalación de centrales de potencia en suelo. Los precios de la energía solar FV en la región continúan reduciéndose en forma sostenida, habiendo alcanzado un valor récord de 29 U$S/MWh en una licitación realizada en Chile durante la segunda mitad de 2016. Chile continúa liderando la región en cuanto a la potencia FV total instalada, habiendo superado los 1800 MW. 

La generación distribuida (o sea, cerca de los lugares de consumo) mediante energía solar fotovoltaica está en alza en algunos mercados tales como México y Brasil, aunque aún su participación en la región es baja comparada con otros mercados como, por ejemplo, el europeo. Brasil tiene cerca de 130 MW en sistemas FV distribuidos de baja potencia, en su gran mayoría en instalaciones residenciales, la mayoría de ellas instaladas entre 2016 y 2017. Por su parte, las instalaciones solares de generación distribuida podrían triplicarse durante 2017 en México, por medio de la instalación de aproximadamente 50.000 sistemas fotovoltaicos en el país, incremento impulsado en gran parte por la nueva regulación.


¿Qué proyecciones tiene acerca del avance e implementación de las energías renovables en Argentina?

La generación de electricidad en el país está basada esencialmente en combustibles fósiles (aproximadamente el 65%), con una contribución relativamente importante de la hidroelectricidad (alrededor del 27,53%) y en menor medida la energía nuclear (5,5%). La energía eólica y la energía solar fotovoltaica han tenido un aporte mínimo (en su gran mayoría eólico) ya que sumadas apenas superaron el 0,4% de la matriz en 2016. 

Existe una clara decisión del Gobierno Nacional y de numerosos Gobiernos Provinciales de impulsar la participación de las energías renovables (excluyendo la hidroelectricidad de gran escala) en la matriz energética del país. Para dar cumplimiento a los compromisos contraídos respecto a la reducción de gases de efecto invernadero, diversificar la matriz de generación eléctrica, y cumplir con la ley 27191/15 (modificatoria de la ley 26190/06) "Régimen de Fomento Nacional para el uso de Fuentes Renovables de Energía destinada a la Producción de Energía Eléctrica", se prevé la incorporación de energías renovables en la producción de energía eléctrica, para llegar como objetivo a un 20% para el año 2025.

En 2016, y a fin de avanzar en el cumplimiento de los objetivos fijados en la ley 27191, el Gobierno Nacional realizó el primer llamado a licitación, denominado Ronda 1, con el fin de adjudicar 1000 MW de generación eléctrica con renovables, y se recibieron 123 ofertas por una potencia total cercana a 6400 MW, en su gran mayoría con generación eólica y solar fotovoltaica. Dado el éxito del primer llamado, se realizó otro complementario, denominado Ronda 1.5, en el cual se recibieron ofertas por casi 2500 MW. En la suma de las dos rondas se adjudicaron aproximadamente 2400 MW entre generación eólica y solar fotovoltaica.

Durante el segundo semestre de 2017 se realizó la Ronda 2 del programa Renovar, donde se licitaron 1200 MW, habiéndose recibido 228 ofertas por un total de poco más de 9400 MW. La mayoría de las ofertas recibidas, al igual que en los llamados anteriores, correspondieron a eólica (aproximadamente 3800 MW) y solar fotovoltaica (casi 5300 MW).

Entre las iniciativas provinciales se destaca el Programa Provincial de Incentivos a la Generación de Energía Distribuida, PROINGED, de la provincia de Buenos Aires. Como parte de este programa, se han instalado seis plantas fotovoltaicas en puntos críticos de la red de distribución eléctrica de la provincia, con una potencia total de 2,3 MW. Estas plantas inyectan en líneas de media tensión y permiten mejorar la calidad del servicio en lugares críticos donde el déficit energético suele compensarse con motores de generación diesel (caros y altamente contaminantes) conectados a la red.

Cabe mencionar que existen otras iniciativas para promover el uso de las energías renovables en reemplazo del quemado de combustibles fósiles para generación de calor. Tal es el caso del proyecto de ley "Aprovechamiento de la energía solar térmica de baja y media", que está siendo tratado actualmente en comisiones del Senado de la Nación. 


¿Qué opina acerca de la Ley de Generación Distribuida?  

El proyecto de ley que crea el Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable, que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados y con dictamen favorable de las Comisiones de Minería, Energía y Combustible y de Presupuesto y Hacienda del Senado de la Nación, está orientado esencialmente a la generación distribuida mediante renovables para autoconsumo de usuarios (clientes) del servicio eléctrico prestado por las compañías distribuidoras.

Dicho régimen pretende promover el uso de las fuentes renovables distribuidas conectadas a la red eléctrica pública, de manera de mejorar la eficiencia energética mediante la generación cerca de los puntos de consumo, disminuyendo de esa manera las pérdidas en el sistema interconectado. Asimismo, contribuirá a la disminución de costos de generación, en particular por reemplazo del quemado de combustibles fósiles líquidos, y a la mitigación de la emisión de gases de efecto invernadero.

El proyecto fija un esquema de facturación neta en el cual el usuario-generador vende la energía inyectada a la red pública a la tarifa mayorista que paga el distribuidor al MEM (Mercado Eléctrico Mayorista) y compra la energía consumida de la red a la tarifa minorista. Teniendo en cuenta que las tarifas del mercado eléctrico continúan siendo subsidiadas (la tarifa mayorista cubre aproximadamente el 50% del costo medio de generación) y que para el usuario residencial la diferencia entre las tarifas minorista y mayorista es significativa, el esquema propuesto requiere de medidas adicionales que permita contrarrestar un sistema tarifario que, en principio, no favorecería el desarrollo del mercado de la generación distribuida mediante renovables, al hacerlas competir con las fuentes convencionales (esencialmente, fósiles) subsidiadas.

La ley crea un fondo fiduciario (FODIS), con un monto para el primer año de 500 millones de pesos, para financiación de los beneficios promocionales. Los beneficios enumerados en la ley incluyen: bonificación sobre el costo de capital, tarifa adicional de inventivo a la inyección de energía a la red, y crédito fiscal. Estas herramientas parecen apropiadas para impulsar la instalación de sistemas de generación distribuida con renovables, pero el éxito de las mismas dependerá fuertemente de la reglamentación de la ley (que definirá claramente los beneficios) y también de la existencia de financiación a tasas razonables para cubrir la inversión inicial.

Asimismo, la ley crea el Régimen de Fomento para la Fabricación Nacional de Sistemas, Equipos e Insumos, con una vigencia de 10 años.


¿Cómo crees que la implementación de la Ley de Energía Distribuida en argentina impactará en el desarrollo de energías renovables en el territorio? 

Es difícil que la implementación de la ley dé lugar a un crecimiento importante del mercado de generación distribuida en el corto plazo. Por un lado, las condiciones de contorno del país no son aún las más apropiadas: energía eléctrica convencional subsidiada, costos de instalación de sistemas renovables (en especial, fotovoltaicos) altos comparados con valores internacionales, falta de financiación a tasas razonables.

Por otra parte, se trata de una ley nacional que, en primera instancia, aplica en forma directa sólo al Área Metropolitana Buenos Aires, o sea a las áreas de concesión de las compañías distribuidoras EDENOR y EDESUR. Esto reduce su alcance dado que requiere la adhesión de las provincias para su aplicación en otras partes del territorio nacional.

Otra limitación del proyecto es que no se trata realmente de una ley de generación distribuida sino una ley de autoconsumo. En especial, no contempla la instalación de plantas de generación con renovables de potencias intermedias, típicamente entre 100 kW y 1 MW o incluso mayores. Estas plantas no pueden competir en licitaciones como las del programa RENOVAR, por un tema de escala y costos de generación asociados, y tampoco accederán a los beneficios de la ley de generación distribuida. Resulta en consecuencia imprescindible desarrollar a nivel nacional herramientas de promoción que permitan el crecimiento de plantas de potencias intermedias que, entre otras cosas, pueden contribuir a mejorar la calidad del servicio en puntos débiles de la red.

La generación eléctrica distribuida mediante fuentes renovables, y muy especialmente la energía solar fotovoltaica, ha jugado un papel relevante en los países pioneros en este tipo de tecnología.

Considero imprescindible que nuestro país encare firmemente un cambio de paradigma energético contemplando la diversificación, la generación distribuida, el uso racional y eficiente de la energía, el manejo inteligente de las redes, y el cuidado del ambiente.