
En el segundo encuentro del año de referentes de empresas y organizaciones miembro de IARSE, la conversación puso en común desafíos, aprendizajes y oportunidades que atraviesa actualmente la gestión de la sustentabilidad.
El pasado 5 de agosto, IARSE llevó adelante en Buenos Aires la Segunda Reunión de Referentes de Empresas y Organizaciones Miembro, un espacio exclusivo para compartir experiencias, reflexionar sobre los desafíos que plantea el contexto y conversar entre pares sobre aquello que está ocurriendo en la gestión cotidiana de la sustentabilidad.
La dinámica de análisis, intercambio y reflexión fue moderada por Ethel Zulli, Embajadora de IARSE, y permitió poner en común no solamente los avances y las iniciativas que las organizaciones buscan sostener, sino también las dificultades, restricciones y tensiones que atraviesan actualmente quienes tienen a su cargo esta agenda.
La conversación mostró una agenda más concreta y menos discursiva, crecientemente vinculada a decisiones de negocio, gestión de riesgos, competitividad, continuidad, eficiencia, acceso a mercados y capacidad de respuesta frente a necesidades sociales y ambientales.
A partir del intercambio, fue posible identificar seis movimientos de fondo que atraviesan la gestión:
El vínculo entre sustentabilidad y negocio dejó de ser opcional. La caída de la demanda, la morosidad, los costos logísticos y energéticos, las exigencias de clientes y casas matrices, el financiamiento y la regulación llevan a traducir cada iniciativa en términos de riesgo, oportunidad, eficiencia, competitividad o continuidad.
En este contexto, la sustentabilidad necesita poder explicar su aporte en lenguaje de negocio: qué riesgo permite gestionar, qué oportunidad genera, qué costo puede reducir o qué condición de mercado ayuda a cumplir.
Los equipos pequeños, las restricciones presupuestarias y una agenda cada vez más amplia refuerzan la necesidad de involucrar a otras áreas de las organizaciones, entre ellas Finanzas, Operaciones, Compras, Comercial, Personas, Comunicación y Asuntos Públicos.
La sustentabilidad puede continuar teniendo un área que articule e impulse la agenda, pero su desempeño depende de que la gestión sea apropiada por quienes toman decisiones y ejecutan procesos.
La cultura interna continúa siendo uno de los desafíos más complejos: lograr que la sustentabilidad sea comprendida y asumida por otros sectores requiere construir argumentos y alianzas dentro de la organización, especialmente frente a cambios de accionistas, fusiones, adquisiciones o nuevas conducciones.
Las exigencias de casas matrices, clientes, mercados y regulación también pueden convertirse en una oportunidad para anticiparse y desarrollar capacidades antes de que determinadas condiciones se vuelvan urgentes.
En este escenario, la gestión de la sustentabilidad requiere mirar hacia adelante y preparar sistemas de información, objetivos, indicadores y evidencias que permitan responder a futuras demandas regulatorias y de mercado.
La cooperación apareció como uno de los principales multiplicadores de capacidades.
Las alianzas entre empresas , organizaciones sociales, gobiernos, instituciones educativas y actores de las cadenas de valor permiten compartir capacidades, reducir costos, ampliar escala y abordar desafíos que una sola organización no puede resolver.
En este sentido, la comunidad de pares adquiere un valor operativo: el intercambio permite detectar programas transferibles, oportunidades de simbiosis, recursos complementarios y experiencias que pueden escalar.
Frente a la multiplicación de demandas y la restricción de recursos, la conversación puso en primer plano la necesidad de revisar qué es verdaderamente material y dónde resulta necesario concentrar esfuerzos.
La materialidad —y, cuando corresponde, la doble materialidad— aparece como una herramienta para priorizar impactos, riesgos y oportunidades.
La discusión no apunta a hacer menos sustentabilidad, sino a concentrar capacidad en aquello que tiene mayor impacto, riesgo, oportunidad y valor estratégico.
En esta misma línea, el reporte recupera un rol estratégico: la calidad de los sistemas de información y de la evidencia adquiere mayor relevancia que la extensión del documento.
Las metas corporativas y los lineamientos internacionales pueden orientar y dar legitimidad a la agenda, pero requieren adaptación al contexto argentino, considerando capacidades, infraestructura, regulación, disponibilidad de datos, proveedores y tiempos reales de implementación.
Durante el encuentro apareció la idea de «tropicalizar» los lineamientos globales: traducirlos a las condiciones concretas en las que operan las organizaciones.
Esta adaptación no implica abandonar la ambición, sino encontrar formas viables y progresivas de avanzar sin perder el horizonte de largo plazo.

Como una forma práctica de ordenar la agenda hacia adelante, la sistematización del encuentro propone tres acciones: sostener, ajustar y acelerar.
Al finalizar el encuentro, IARSE invitó a los referentes participantes a compartir una palabra que sintetizara aquello que se llevaban de la conversación.
El resultado fue una síntesis colectiva:

Las palabras recuperan una dimensión central del encuentro: la importancia de contar con espacios para escuchar, compartir experiencias, aprender entre pares, construir alianzas y potenciar capacidades.
Porque en un contexto que exige priorizar y ajustar, también se vuelve relevante contar con una comunidad capaz de acompañar los procesos y construir respuestas de manera colectiva.
La sistematización de reflexiones y aportes fue elaborada por IARSE a partir de la dinámica de la Segunda Reunión de Referentes de Empresas y Organizaciones Miembro, realizada en Buenos Aires el 5 de agosto de 2026.